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01-2011

Carmen Amaya y Begur


Mi infancia está marcada por las vacaciones en la Costa Brava. Cuando evoco esos años, mi cabeza rememora las mejores sensaciones personales que he tenido en mi vida. El despertar a la luz mediterránea, sus bosques  pegados a la playa, sus calas cristalinas y las visitas a pueblos pequeños y delicados, orgullosos de su pasado y sus raíces.

En uno de mis paseos con mis padres, descubrí una casa que siempre atraía mi atención cuando pasaba por delante. Una casa en Begur, no especialmente grande, ni  lujosa; pero dotada de una luz y energía especial. Al pasar los años comprendí el porqué  de esa fascinación, descubrí quien vivió allí, Carmen Amaya. Con el transcurso del tiempo, pude entender la dimensión  real de la  figura de Carmen Amaya. La bailaora nació en 1913, en un humilde barrio de Barcelona. Con cuatro años acompañaba a su padre guitarrista a los tablaos y tabernas de la época; bailando delante de cualquiera por unas pocas monedas. Su figura diminuta y renegrida de gitanilla, volaba como un ciclón de arte en el escenario. Pronto su arte atrae a un empresario avispado, empezando a trabajar en teatros de cierto nivel, aunque por su corta edad trabajaba de forma ilegal, con peligro de ser descubierta. Hasta que llegó el año 1929 su nombre no aparece por fin en letra impresa. En 1935 saltó a la fama,  de la mano de él empresario Carcellé, en el Coliseum de Madrid. A partir de entonces, se consagró a nivel nacional. Se le abrieron las puertas al cine protagonizando películas como protagonista en poco tiempo.

La guerra civil española la pilla trabajando en Valladolid, teniendo contrato para ir a Portugal en breves fechas, consigue dos meses después llegar allí. Después de mil y un problemas consiguió embarcarse en barco destino a Buenos Aires, en una larga travesía de 15 días, llena de miedos y terrores, que la acompañará en posteriores viajes a América. Allí su triunfo es total incrementando su cache internacional, permitiéndola dar el salto a U.S.A, donde estuvo de gira de 1940-45. A estas alturas su talla Internacional es gigante, habiendo rodado varias películas en Hollywood; donde sus espectáculos fueron visitados por la élite de la cultura, economía y política. Retorna a España en 1947 como figura emblemática del flamenco. Su arte fue revolucionario, su compas del ritmo, su espontaneidad innata para crear magia a su alrededor con su baile. Todo esto, junto con un carácter extremadamente humilde, le granjeó un reconocimiento público increíble por el pueblo, y por los críticos.

Su baile transmitía sensaciones únicas, su intensidad, su fuego y emotividad conseguía levantar los más ardientes plausos del público. Tras largos éxitos una enfermedad renal acabo con su vida en Noviembre de 1963, en su casa “Mas d’en Pinc” en Begur. Ahora ya de adulta, comprendo todavía mejor esas sensaciones que me acompañaban en la niñez, cuando he vuelto a contemplar esa magnética casa. Toda esa magia personal que tenía Carmen Amaya, permanece intacta como un aura de energía alrededor de esta casa, junto a la belleza milenaria de Begur. El Ayuntamiento de Begur ha restaurado e inaugurado la casa de Carmen Amaya en 1986 como Centro Cultural. Durante un tiempo ofrecía cursos y talleres de flamenco en honor a la famosa bailaora. En la actualidad es sede de NEREO(Centre d'Estudis del Mar) www.nereo.org  y de la Fundació Mar www.fundaciomar.org


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