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03-2016

PERATALLADA, dónde el tiempo se detuvo


Las tierras catalanas están llenas de pequeños tesoros históricos que a menudo nos pasan desapercibidos. Muchos estamos tan abducidos por el mundo tecnológico, instantáneo y activo que muchas veces es recomendable tomarse un tiempo para sumergirse en un trocito de la historia medieval que las tierras de nuestra provincia todavía albergan.



El pequeño pueblo Peratallada, una parte hoy en día del municipio de Forallac (localizado a unos 22 km al este de Girona) es uno de esos sitios en los que el tiempo parece haberse aturado. Caminar por sus calles nos llena de una sensación de calma y magia y nos transporta hasta siglos pasados, a tiempos en que las ruedas de pesados carros todavía circulaban por las estrechas y empinadas calzadas que se nos abren en adentrarnos en el pueblo. Desde una de las casas detrás de los muros del todavía conservado palacio del Castillo de Peratallada, nos saluda una mujer de unos 80 años: “Mi casa es del siglo XIX”, explica orgullosa de poder disfrutar de una vida tranquila en aquél mágico rincón de Catalunya.



Hoy en día, el pueblo de Peratallada, cuyo nombre proviene del catalán “pedra tallada”, ya ha sido declarado conjunto histórico-artístico y bien cultural de interés nacional. En el año 1977 se unió con los municipios de Vulpellac y Fonteta para dar lugar al nuevo municipio de Forallac. Se encuentra en el punto de contacto de la zona de los cerros de las Gavarras y las tierras de la llanura del Baix Empordà, y hoy en día es uno de los núcleos más importantes de Cataluña en cuanto a la arquitectura medieval.



El núcleo fortificado de Peratallada se encuentra encima de una base de roca natural cortada artificialmente para conseguir la verticalidad, constituyendo un montículo que se levanta unos 5 metros por encima del terreno que lo rodea. Después de atravesar el pequeño puente ante el cual se alzan las murallas de la antigua ciudad (s.XII-XIII), junto al gran fosado que rodea toda la población y que fue excavado a la roca viva, levantamos la vista para dejarnos llenar por la sensación de haber traspasado un portal hacia el pasado. A través de estrechas y tortuosas calles, nuestros pasos nos llevan finalmente hacia el Castillo fortificado con su torre del Homenaje y el Palacio (s.XI-XIV) y la Iglesia de Sant Esteve (románica, de principios del siglo XIII).



La población restó arrejerada alrededor del Castillo de Peratallada, que fue el centro de la baronía y pertenecía al linaje de los Peratallada, documentados desde el siglo XI. Una característica parte del Castillo de Peratallada es su torre del Homenaje, estructura identificativa del pueblo, de planta rectangular y coronada por almenas cuadradas. La existencia del Castillo se remonta al año 1065 (según la documentación encontrada), pero algunas estructuras arquitectónicas parecen indicar que la fortificación fue erigida en tiempos todavía más lejanos. Se sabe, por ejemplo, que en el año 1039 un “Guillermo de Peratallada” asistió a un juicio y fue probablemente uno de los primeros señores de este sitio. Más adelante, en el año 1054, se menciona Bernat de Peratallada en la donación de un cortijo del condado de Girona.



También en el siglo XII la importancia de los Peretallada continua siendo evidente, sin embargo, el siglo XIII no fue muy bueno para muchas familias catalanas, y así fue también para los Peratallada, a pesar de disponer de un gran patrimonio de tierras ampurdanesas, sufrieron una situación económica complicada. El siglo XIV, en cambio, fue un período de prosperidad para el castillo, alojándose allí varias veces los reyes de la corona catalanoaragonesa como el rey Juan I en 1390. Más adelante se mencionan como señores  Bernat y Gilabert V de Cruïlles, que murió de la Peste Negra (1348), siendo su sarcófago enterrado y conservado en la iglesia de Sant Esteve de Peratallada. Ya en el año 1916 el castillo fue subastado por los últimos herederos de los Cruïlles y en el año 1964 lo adquirieron los marqueses de Torroella de Montgrí.



 



Peratallada fue una de las poblaciones catalanas mejor fortificadas. Su sistema defensivo estaba formado por tres recintos de muralla con altos lienzos y torres de vigilancia, protegidos cada uno de ellos por valles de 7 a 8 metros de profundidad, excavados en la roca viva. El recinto principal tenia el Castillo en el centro, mientras que los otros dos se encaraban hacia el Norte y el Levante. Según documentación del Servicio de Catalogación de Monumentos de la Diputación de Barcelona, las murallas parecieron dividir a la población en tres sectores, divididos y separados cada uno con su propio recinto amurallado e hipotéticamente conectados únicamente por pequeños puentes. Hoy en día sólo quedan algunos fragmentos de las antiguas murallas, las que se pueden ver en la parte norte y noroeste del pueblo. En el extremo norte todavía se conservan unos altos muros por los que se abre el Portal de la Verge, que es el único bien conservado de las murallas.



Peratallada ha sabido conservar su carácter rural hasta el día de hoy, manteniendo fielmente sus orígenes arquitectónicos y urbanos. En este sentido, el pueblo todavía conserva su distribución urbana medieval, la cual que se aprecia desde la plaza mayor, con sus singulares porches, hasta la trama de las estrechas callejuelas. Se puede decir que la vivienda tradicional de Peratallada suele tener los bajos recubiertos con vueltas de piedra, destinados a almacenes y bodegas, mientras que la planta superior se destina al habitáculo. Muchas edificaciones todavía tienen estas características típicas de las casas rurales del siglo XVI, y pueden tener otro piso como buhardilla o granero, así como un patio en la parte posterior.



¡Un viaje en el tiempo que sin duda les recomendamos!


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