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11-2014

La montaña de Montserrat. Encuentro de naturaleza y espiritualidad 


“Amb serra d’or, els angelets serraren eixos turons per fer-vos un palau…”, se afirma en el himno de Virolai, dedicado a la Virgen de Montserrat. La forma peculiar del macizo de la montaña de Montserrat junto a las historias y leyendas que lo rodean la han convertido en uno de los símbolos naturales, culturales y espirituales más importantes de Cataluña. Y aunque sus formas no hayan sido obra de los ángeles si no de un proceso geológico y geomorfológico de millones de años, se trata de la montaña más emblemática de Cataluña. Junto a su importante variedad de flora y fauna,  es también conocida por albergar el Monasterio de Montserrat, una abadía benedictina consagrada a la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña y conocida popularmente como “La Moreneta”. El macizo de Montserrat (nombre proveniente de “Mont” (Monte) y “Serra” (Cordillera) se alza a 50 km al noroeste de Barcelona, entre las comarcas de la Anoia, del Baix Llobregat y del Bages, al oeste del río Llobregat hasta los 1.236 metros de altura del pico de Sant Jeroni. El origen geológico del macizo de Montserrat es sedimentario, y sus rocas están constituidas por un conglomerado de guijarros asentados en cemento calcáreo. En el transcurso de los milenios, los movimientos tectónicos, los cambios climáticos y la erosión han acabado modelando un relieve brusco, con grandes paredes y bloques redondeados. En sus entrañas, los agentes físicos han abierto cuevas, simas y cavernas. A pesar de su apariencia de montaña rocosa y baldía, los caminos y senderos del macizo albergan una vegetación dominada sobre todo por encinares. El clima es plenamente mediterráneo, sin embargo, el estado denso de los encinares proporciona un sotobosque ligeramente más húmedo, y en el que proliferan especies como arbustos y lianas. También la fauna se ha mantenido con especies típicamente mediterráneas, como el jabalí, la ardilla, el dragón común o la salamandra, entre otros. Sin embargo, como consecuencia de la presión humana y del incremento del hábitat en el entorno de la montaña, la fauna de Montserrat ha ido experimentando un importante proceso de desaparición. Esta situación, además, se vio agraviada después de los importantes incendios que se produjeron en el año 1986. Fueron en total cuatro que se produjeron de forma seguida y acabaron con más de 5.000 hectáreas. Desde tales hechos se han ido llevando a cabo un conjunto de actuaciones que tienen la finalidad de evitar nuevos episodios de incendios. Entre los trabajos realizados, destaca la instalación de franjas de baja combustibilidad alrededor de las carreteras, la habilitación de dos nuevos puntos de vigilancia y la ejecución de tareas de mantenimiento y señalización de los caminos más frecuentados.

Espiritualidad

A lo largo de la historia, Montserrat ha sido un lugar clave en la vida espiritual catalana. El Monasterio de Santa María de Montserrat, construido alrededor del año 880, ha albergado centenares de monjes y era un enclave muy importante para peregrinos de toda Europa. Alrededor del Monasterio llegaron a tener lugar un total de trece ermitas en las cuales residían monjes que llevaban una vida solitaria en medio del paraje natural: fueron las ermitas de Sant Jaume, Sant Joan Baptista, Santa Magdalena, Sant Jeroni, Santísima Trinitat, Sant Salvador, Sant Onofre, Santa Anna, Santa Caterina, Sant Antoni, Santa Creu, Sant Dimes y Sant Benet. A los peregrinos que visitaban todo el eremitorio se les concedían indulgencias. Con el paso del tiempo, se fueron edificando nuevos edificios de obra alrededor de las ermitas que con el tiempo y ampliaciones sucesivas lograron, alrededor de los siglos XVII-XVIII, proporciones considerables, hasta darles aspecto de pequeños monasterios. Finalmente, todos los santuarios tuvieron que sufrir graves destrucciones a causa de la incursión del ejército francés en el año 1812. A pesar de algunas restauraciones e intentos de nueva ocupación, la mayoría abandonados definitivamente a finales del siglo XIX. Sin embargo, su historia está llena de cicatrices y su mantenimiento no siempre ha sido fácil. El siglo XIX fue uno de los más trágicos, ya que el monasterio fue incendiado y saqueado varias veces por las tropas napoleónicas (1811 y 1812), sufrió la exclaustración a raíz de la desamortización de Mendizábal (1835) y, finalmente, tuvo que ser totalmente reconstruido. Durante la Guerra Civil Española el monasterio volvió a ser cerrado y pasó a depender de la Generalitat de Catalunya, presidida por Lluís Companys. Desde entonces y sobre todo en los últimos años de la dictadura franquista, el monasterio de convirtió en un símbolo de la identidad catalana y del sentimiento catalanista. Allí se produjeron diversos actos en contra del régimen. Hoy en día el monasterio contiene una de las mejores bibliotecas de España, y su comunidad está formada por más de 80 monjes. Además, en el monasterio residen los niños que componen la Escolanía de Montserrat, fundada en el siglo XIII y considerada, por ello, la escuela de canto de más antigua de Occidente. Se puede acceder al Monasterio de Montserrat por carretera desde Monistrol de Montserrat, Sant Salvador de Guardiola y el Bruc. Además se puede subir hasta allí mediante un teleférico desde Monistrol y un tren cremallera perteneciente a Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya.

Una Virgen de piel oscura

Hoy en día el monasterio de Montserrat se conserva como uno de los símbolos espirituales más importantes de Cataluña. Rodeada de leyendas y cuentos, en su interior se alberga la Virgen de Montserrat, conocida popularmente como “La Moreneta” por el color oscuro de su cara. Se trata de una talla románica del siglo XII que representa a la Virgen con el niño Jesús sentado en su regazo. El color de su cara y manos es el resultado de la transformación del barniz original con el paso del tiempo. 


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