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09-2011

Opiniones y conclusiones


Son las siete de la mañana, y ya estoy un poco nerviosa, porque a las 9.30h me quiere ver mi médico para hacer el chequeo semanal. No, no estoy enferma, ¡pero si gorda!

Todo comenzó con mi báscula que no se comporta precisamente muy leal conmigo. Parece que la da placer cuando me dice cada mañana, que al menosella se mueve – con su aguja – que sube con un paso firma hacía arriba, sin tener en cuenta mi estado de ánimo. Bueno, se que ella quiere lo mejor para mi, pero llegó el momento que la prohibí la entrada en mi casa. Después me sentí muy aliviada, pero esta sensación no duró mucho. Mientras dormía, parece ser, que unos enanos entraron en mi casa, se metían en mi armario y ceñían mi ropa. Pasaron unos días y todos mis vestidos estaban a punto de reventar. Se me ocurrió la idea de comprarme ropa nueva de una talla más grande. No hay que olvidar, que tengo que probar de todo para poder escribir mis artículos. Como puedo hacerlo, si de repente tengo que dejar de comer y dejar de tomar mis vinitos. Mi trabajo es lo primero, y mi cuerpo puede esperar. Esa fue mi decisión. Pero después de varias semanas, tuve que clasificarla como un gran error.

Estoy segura, que mucha gente ha pasado por la misma situación. Y seguramente, Usted me puede entender perfectamente, si le cuento lo que me pasó. Mi salud estaba empeorando. Ya no tenía ganas de levantarme y marcharme de la oficina, mi autoestima estaba por los suelos y me puse muy enferma. Un día quedé con mi amiga que me miraba y sin mediar palabra, me paso el teléfono de su médico. Yo ya estaba sufriendo tanto, que inmediatamente me puse en contacto con el doctor. ¡Ha sido mi mejor decisión en mucho tiempo! Ya he perdido diez kilos. Hoy en día, cuando voy a un restaurante para examinar la carta, también examino el cocinero en cuanto a su flexibilidad.

He llegado a la conclusión, que un buen cocinero siempre está abierto a las peticiones de sus clientes,  y les prepara, si lo desean, una ensalada con una salsa ligera, o pescado a la plancha con verduras. Pregunte simplemente por “una carta pequeña”, y no se ponga usted nervioso, si el camarero pregunta una y otra vez, si quiere alguna entrada o un postre. Usted es el cliente, y si sale contento del restaurante, seguramente volverá, porque el cocinero ha tenido en cuenta sus necesidades. La mayoría de los restaurantes ya son bastantes flexibles y están adaptándose a la tendencia de una cocina fresca, sana y ligera.


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